25 oct. 2011

Jesús y Yo

   Mi primera entrada en este blog tenía que hablar de una persona muy importante en mi vida profesional, también en la personal pero este blog no trata de eso. El título es un guiño al documental “María y Yo”, un largometraje en el que Miguel Gallardo y su hija María nos acercan al todavía enigmático mundo del Autismo (También han sacado un libro el cual todavía no he tenido tiempo de leer, echarle un vistazo al Blog de María y Yo).  
   Muchas de las situaciones que se reflejan en el documental me recuerdan a las que hemos vivido Jesús y yo. Recomiendo tanto que veáis el documental como que leáis esta pequeña entrada en la que no voy a hablar sobre el Trastorno de Espectro Autista, ni de las técnicas que uso en las sesiones  con Jesús. Quiero hablar de ese doble sentido que tiene mí intervención con Jesús, de lo mucho que él me ha aportado y que gracias a ello he podido crecer como profesional  (Si nos paramos a pensar  todas las intervenciones que realicemos como Terapeutas Ocupacionales tienen ese doble sentido, nos aportan tanto como nosotros aportamos a ellas). Y con ello poder hacer una reflexión-debate sobre las relaciones terapeuta- paciente/usuario/cliente/etc.  

   A Jesús le conocí en uno de los campamentos que organizaba una asociación de ocio orientada a la diversidad funcional para la que yo trabajaba como monitor. A pesar de los interminables paseos que había que dar con él, todas esas horas perdidas cada noche intentando que se durmiera, a pesar de los malos ratos que podías pasar con él en el comedor o paseando por la calle, a pesar de todos esos chillidos y mordiscos… Había algo en ese niño que me fascinaba, que me hacía pasarme horas mirándolo, intentando comprender su mundo, su mente.
   Más tarde, por circunstancias de la vida, empecé a trabajar con él. Fue mi primer caso clínico, en verdad al principio mi función era cuidarle los fines de semana que su madre tenía que irse a trabajar, pero yo quería enseñarle y sobre todo aprender de él. Todavía no había terminado mi diplomatura de Terapia Ocupacional cuando empecé una intervención en serio con Jesús. Ahora miro 3 años y pico atrás y recuerdo a Jesús, lo pequeñajo que era y lo mucho que ha cambiado en estos años de intervención, posiblemente no por mi eficacia como terapeuta si no por el increíble esfuerzo que realiza día tras día. Pero yo también he cambiado, Jesús me ha cambiado. He aprendido tanto con él y de él. La intervención ha sido en muchos casos más reveladora que los sabios consejos mis profesores de carrera y muchísimo más ilustrativo que cualquier libro de texto.
   Yo le he enseñado muchas cosas a Jesús. Ahora sabe comer solo, ya casi se viste sin ayuda , está aprendiendo a ir al baño solo y ya no grita ni tira las cosas cuando quiere algo si no que lo pide. Pero él a mí me ha  enseñado muchas cosas más. He tenido que leer y aprender mucho del Espectro Autista, gracias a esos interminables paseos con Jesús aprendí a desarrollar mi ojo clínico, a ponerme en su piel. Mirándole e imitándole aprendí a apreciar su mundo, y a comprenderlo un poco mejor. Tuve que analizar y dividir cualquier tarea que fueramos a trabajar en pasos, ser más consciente del contexto y de cómo usarlo a nuestro favor. Aprendí a ser paciente, muy muy paciente y apreciar los pequeños progresos y los grandes esfuerzos que hacia Jesús. Aprendí mucho de pictogramas y de comunicación aumentativa. Me enseño que se puede ser feliz con muy poco y lo mágico del momento y la sensación. Me enseño lo duró que es su mundo a veces y lo lejos que estamos de un mundo integrador, donde entendamos las diferencias como nuestra mejor arma para aprender, mejorar y desarrollarnos. Me ha enseñado es ver los parecidos en cosas aparentemente distintas. Jesús parece de otro mundo, pero muchas veces pienso que yo también. En definitiva, Jesús me enseñó y me sigue enseñando a ser un buen profesional, a no rendirme y a perfeccionar mis herramientas como terapeuta.  Me ha enseñado todo esto y mucho más.
Gracias Jesús por tu paciencia conmigo, gracias por todo!